Sexo antes de una carrera: ¿gira a favor o en contra?

Publicado el 9 de julio de 2007
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Tener relaciones sexuales antes de una competencia deportiva, ¿afecta o no el rendimiento? ¿Puede generar más beneficios que perjuicios? Como en el sexo, al respecto existen diferentes posiciones.

Todos los músculos están en tensión. Los tendones se estiran y las fibras empiezan a vibrar. El cuerpo comienza a moverse rítmicamente. Los movimientos se repiten, cada vez más deprisa, cada vez más potentes y decididos. ¿De que estamos hablando? ¿De sexo o de deporte?

Resulta difícil establecer la diferencia, porque físicamente ambas actividades están muy relacionadas entre sí, y también lo están en sus planteamientos conceptuales: en los dos casos el objetivo es lograr el bienestar físico. Aunque en un principio sus caminos surgieron casi como antagonistas.

El deporte moderno nació en el siglo XIX y arrastra consigo una pesada herencia victoriana. Algunos de los primeros padres del deporte fomentaron su práctica sólo con la idea de que podría acabar con los insanos impulsos sexuales de una juventud dispuesta a caer en “locos libertinajes animales”.

Creían que la fuerza de los músculos podría atrofiar la libido en una lucha heroica contra las tentaciones. Prueba de ello es que en una obra educativa publicada en 1925 para consagrar el deporte se podía leer: “No hay peor enemigo del deporte que la incontinencia sexual. ¡Cuántas glorias se han perdido, de forma inesperada, a causa de las mujeres! El que se dedique al deporte tiene necesidad de toda su energía muscular y nerviosa”.

Estas teorías no son algo del pasado. Han permanecido en la memoria colectiva y desde entonces son muchos los deportistas y los preparadores físicos que creen que el único camino hacia el medallero y el triunfo internacional es el del absentismo: nada de alcohol, nada de tabaco y, por supuesto, nada de sexo.

Práctica que, por ejemplo, sigue a rajatabla el ciclista polaco Zenon Jaskula, tercero en el Tour de Francia de 1993, que declaró: “Si el ciclista de más alto nivel quiere mantenerse plenamente en forma tiene que renunciar al sexo al menos tres semanas antes de una competición importante”. Lo que quiere decir que un deportista que participe en la mayoría de las carreras del calendario, como hace la mayoría, sólo podría practicar el sexo unas diez veces al año.

Sin embargo, su colega americano Greg Lemond no es de la misma opinión. Desde siempre ha tratado de restar fuerza a la leyenda monástica y afirma que para los ciclistas incluso podría ser una buena válvula de escape para la tensión acumulada en la alta competición internacional. Pero ¿afecta realmente la práctica del sexo al rendimiento deportivo?

En una encuesta realizada entre 1.294 atletas alemanes de alto nivel, sólo el 21 % de ellos piensa que el sexo es contraproducente para el deporte; el 16 %, sin embargo, cree que ayuda; y el 61% restante no nota cambio alguno en su rendimiento deportivo después de practicar el sexo.

Parece que los protagonistas de la materia no se ponen de acuerdo. Para aclarar la situación, será necesario recurrir el estudio elaborado por los doctores Juan Sztajel y Michel Periat de la Clínica Universitaria de Ginebra (Suiza). Estos dos médicos convencieron a 16 atletas para que mantuvieran relaciones sexuales a las seis de la mañana de un día determinado.

Nada más acabar debían desplazarse hasta el citado hospital para someterse a unas pruebas de resistencia y de esfuerzo. El resultado fue el siguiente: si entre las relaciones sexuales y la actividad deportiva transcurrían menos de diez horas, el fondo físico se resentía notablemente. Pasado ese tiempo ya no había ningún problema.

Parece el sexo y el deporte viven una estrecha relación difícil de desligar. No en vano en un caso u otro, el principal aliciente es participar.

LA OPINIÓN MÉDICA

Según el doctor Mauro Fernández Sandí, Médico Cirujano, Ginecólogo Obstetra, Sexólogo Educador del Instituto Costarricense de Sexología: “Hay dos factores que hacen creer a los atletas que las prácticas sexuales disminuyen el rendimiento deportivo. Por un lado, como la respuesta sexual termina con un periodo de relajación altamente reconfortante, muchas veces es interpretado como un periodo de cansancio o debilidad, y bajo esa percepción se teme llegar minado a las competencias.

Por otra parte, todavía está muy difundida la creencia de que el sexo es la energía de la vida y que el semen es un líquido particularmente energético. Se piensa que su salida del cuerpo lo debilita.

Ninguna de esas creencias es cierta. Particularmente, el semen no guarda ningún contenido extra de energía más allá de un poquito de fructuosa que suele estar de sobra en atletas y en los no atletas.

Además, la cantidad de energía que se pierde en una relación sexual vigorosa e intensa es menor a las 100 calorías, cifra que es paupérrima para el individuo promedio.

Sin embargo, hay varias razones extrasexuales que sí explican por qué muchos entrenadores prefieren que sus atletas no tengan vida sexual justo antes de una justa deportiva.

Por un lado, en algunos atletas la sexualidad no se vive en casa, sino que la compañera sexual se busca en discotecas, con el riesgo del licor, las drogas, y de que la conquista sexual sea a altas horas de la noche; factores que condicionan de manera clara una disminución en el rendimiento deportivo.

En el mismo sentido, en competencias continuas, como la copa del mundo, o las olimpíadas, además de los riesgos señalados, también existe la posibilidad de que si los atletas viajan con sus parejas, la interacción de éstas con el grupo no evolucione de la mejor manera y pueda provocar focos de tensión que atentan contra la concentración que es clave en el mundo del deporte.

También es frecuente que la gente se pregunte si los atletas son mejores sexualmente. Lo primero que tenemos que recordar es que la sexualidad no es un ejercicio, y mucho menos una competencia. Lo que importa es la espontaneidad, la curiosidad, el apego, la expresión de afecto, el alejarse de las inhibiciones. Ese es realmente el punto y no el estado del cuerpo.

Lo que sí es cierto es que los atletas, sobre todo los que no son de alto rendimiento, conservarán mucho más tiempo su vida sexual, porque manejan niveles bajos de colesterol y grasas, porque tienen una mejor circulación, porque el corazón está fortalecido, manteniéndose sexualmente activo mucho más tiempo del que los individuos sedentarios”.