Las promesas no cumplidas del Transantiago para los Ciclistas

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 Defraudados, decepcionados, estafados, indignados. Son algunos sinónimos que más resuenan en los millones de pasajeros que circulan día a día por la capital arriba de la locomoción pública.

El Transantiago, para ellos, no cumplió con lo que prometía ser. Para los ciclistas tampoco. He aquí lo que se anunció y hasta el día de hoy no existe.

Lejos de ser una realidad se constata hoy la promesa hecha por las autoridades de gobierno de la Concertación respecto al publicitado cambio del transporte urbano en Santiago de Chile llamado Transantiago, que majaderamente tildaron de revolucionario e histórico.

Si bien se ordenó un gremio microbusero mañoso y prepotente, llevando a cabo una empresarización del sector, con nuevas máquinas y choferes -se supone- más cordiales y profesionales al volante, con sueldo fijo y sin la tarea de conducir y tener que cobrar al mismo tiempo, gracias al uso de validador con tarjeta magnética, el plan demuestra que aún está inconcluso y que fueron varios los errores cometidos en el camino.

Para comenzar, los innumerables aplazamientos del proyecto que evidencian precisamente lo poco diligente con que se trabajó. Hoy se pueden apreciar no sólo paraderos a medio terminar sino que además la inexistencia de muchos de ellos, lo mismo ocurre con los terminales de estos buses y las estaciones intermodales donde los pasajeros debieran conectar con los servicios locales y el Metro.

Además, ciertamente hay calles en Santiago que no son aptas para la circulación de buses articulados porque las arterias son muy pequeñas o están con el pavimento en pésimo estado y presentan baches que perjudican las máquinas y el viaje de los pasajeros.

Otra de las falencias importantes es la abismante falta de información de los usuarios producto de una campaña comunicacional rápida, con muchos mensajes y ninguno central, donde la distribución de enredados mapas y monitores mal preparados, mermaron -incluso- la imagen pública del mismísimo Iván Zamorano, el “rostro” ancla de Transantiago Informa.

Pasajeros que demoran más en llegar a sus lugares de trabajo y que alegan además, ahora deben tomar hasta 4 microbuses, en circunstancias que antes lo hacían en uno; máquinas colmadas de personas en su interior y arriba de las pisaderas, impidiendo el cierre de puertas, desplazándose con personas que, literalmente, van colgando de los buses; agarrones, desmayos y accidentes varios, se han registrado en los primeros días de este Transantiago con recorridos nuevos y sin las otroras micros amarillas.

Hay problemas también con la frecuencia y la cantidad de vehículos de locomoción colectiva. Y por si fuera poco, hay partidas de tarjetas Bip que fueron vendidas con fallas, no reconocen las cargas y son recicladas de otras tarjetas magnéticas.

¿QUÉ PASÓ CON LOS BENEFICIOS DEL TRANSANTIAGO PARA LOS CICLISTAS?

Una buena pregunta que deberá esperar respuesta, ya que dependerá de los avances del Pan Maestro de Transportes o más conocido como Transantiago.

Allí se consigna la construcción de 75 kilómetros de ciclovías por Santiago, comenzando por la de Alameda, una verdadera teleserie que se vivió para poder inaugurarla y la que más encima desencanta a muchos pedaleros por considerarla una burla, debido a las demarcaciones por la que fluye, entre árboles, vereda peatonal y kioscos.

“En los próximos años tenemos asegurado el financiamiento para alrededor de 75 km. en cuatro comunas de la ciudad de Santiago, que son Ñuñoa, Providencia, Santiago y Estación Central“, dijo en la oportunidad Freddy Ponce, en ese momento secretario ejecutivo de la Comisión de Seguridad de Tránsito (CONASET).

Toda esta red estaría lista en los primeros meses de 2005, permitiendo que los problemas de transporte y la contaminación disminuyan, aseguraron las autoridades de turno.

Los mismos propusieron duplicar el transporte en bicicleta de 2,2% de los viajes totales de la Región Metropolitana a un 4 o un 5 por ciento en 2005.

Las ciclovías que se prometieron con bombos y platillos estaban aparejadas con los estacionamientos para bicicletas, que también se anunció, formarían parte de las estaciones intermodales de buses. Serían 70 en total, las que teóricamente deberán seguir esperando los ciclistas urbanos.

Se anunció también que se haría una masiva campaña comunicacional para fomentar el uso de la bicicleta. A la luz de los hechos, y si es que ésta se hace, ojalá no la haga Iván Zamorano…