





La "Revolución de los Pingüinos" terminó con la decisión de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios de deponer el Paro escolar que mantuvo "tomados" los colegios públicos y paralizadas las clases de cerca de un millón de alumnos chilenos, que reclamaron mejoras en la calidad de la educación.
"Volvemos a clases, los colegios se empiezan a entregar desde hoy", anunció el vocero estudiantil Juan Carlos Herrera, después de una asamblea en el Instituto Nacional, en el centro de Santiago.
El acuerdo fue aprobado por la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (Aces) después de 10 días de paro en sus colegios y violentos disturbios callejeros en la ciudad de Santiago, que dejaron más de 800 detenidos desde la semana pasada.
La asamblea aceptó la creación de un Consejo Asesor Presidencial que designó la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, para estudiar la reforma, entre cuyos 74 miembros los estudiantes secundarios y universitarios tendrán 12 representantes.
Bachelet, por su parte, aceptó otras demandas de los estudiantes, que eximirán de pago al 80% de quienes rindan el examen de ingreso universitario y la entrega sin costo de un pasaporte que les permite viajar en el transporte urbano con pasaje rebajado.
"Creemos que hemos ganado en los temas reivindicativos económicos que habíamos planteado al gobierno", dijo Herrera, uno de los cuatro líderes de las movilizaciones.
"Pero aún nos queda por avanzar, nos queda la transformación de los temas estructurales" del sistema educacional, advirtió el dirigente al advertir que los secundarios buscarán otros caminos par conseguir ese objetivo.
Una de las principales exigencias de los estudiantes es la anulación de la Ley Orgánica Constitucional de la Enseñanza (Loce), que entrega la administración de los colegios públicos a las municipalidades y sostenedores particulares, que reciben subsidios estatales.
La comisión asesora de la presidenta Bachelet examinará esa y otras reformas y entregará su primer estudio en un plazo de tres meses.
DIVISIONES Y RADICALISMO EN DEMANDAS
El fin de la paralización y ocupación de los colegios que los estudiantes iniciaron el 19 de mayo "no significa en ningún caso que nosotros nos desmovilicemos", aseguró el líder juvenil, protagonista de las manifestaciones estudiantiles más importante de las últimas tres décadas en Chile.
"Al contrario, entramos a otro proceso en el cual se trata de construir un proyecto de educación para Chile", agregó.
El regreso a clases a partir del próximo fue aprobado después que surgieron algunas divisiones en el movimiento estudiantil, con la renuncia de su máximo portavoz César Velenzuela, y las voces disidentes de representantes de algunos liceos.
El desgaste se acentuó cuando el gobierno de Bachelet rechazó la demanda de los secundarios, que exigían tener una representación mayoritaria "de 50% más uno" en el Consejo Asesor que reformará la educación.
LAS LECCIONES DE LOS PINGUINOS EN LA MOVILIZACIÓN MÁS IMPORTANTE DE LOS ÚLTIMOS 32 AÑOS
"Porque no tenemos nada, lo queremos todo", escribieron sobre un lienzo los escolares chilenos -llamados "pingüinos" por su modo de vestir- en un mensaje que grafica el ímpetu y ambición con que han encarado semanas de protesta contra el gobierno para exigir una educación más igualitaria, y rompiendo el mito de la apatía juvenil en Chile.
Con el impresionante impulso de su juventud, una sorprendente organización y una capacidad de convocatoria que ya quisieran muchos, lograron convertir la educación chilena en un tema de interés nacional.
Aunque depusieron sus movilizaciones tras 40 días, la fuerza que lograron al convocar a más de un millón de estudiantes y profesores en dos paralizaciones nacionales, puso en jaque al gobierno de la presidenta Michelle Bachelet y la obligó a ceder en la mayoría de sus demandas, incluida una posible reforma a la Constitución.
La lucha que dieron es sólo comparada con la que hace 32 años un sector de estudiantes libró contra los planes educacionales del gobierno del presidente socialista Salvador Allende, que se suicidó un año después durante el golpe militar que encabezó Pinochet.
La "Revolución de los Pingüinos", por su atuendo de chaqueta y corbata azul oscura sobre una camisa blanca, no fue fácil sin embargo.
Los escolares debieron imponer su voz frente a los adultos, políticos y autoridades, que inicialmente consideraban sus reclamos como un simple berrinche adolescente.
Poco a poco estos jóvenes, de entre 15 y 18 años, muchos de ellos nacidos después que se restauró la democracia en Chile en 1990, se fueron ganando la confianza de sus mayores por la convicción y claridad con que expresaron sus ideas y el compromiso que asumieron para enfrentar sus movilizaciones.
Pasaron hambre y frío en el centenar de colegios que ocuparon para imprimirle presión a su protesta. Algunos enfrentaron amenazas y muchos marcharon en Santiago y otras ciudades donde enfrentaron la represión policial.
Recogieron dinero en las calles y acumularon miles de firmas de apoyo, para romper definitivamente el mito de que los jóvenes chilenos "no están ni ahí" con los problemas de la sociedad y sólo se interesan en las fiestas.
Hasta diferentes "chapitas" o prendedores comenzaron a venderse en las calles con la imagen de un pingüino y la leyenda "Yo estoy con los pingüinos". Claramente la opinión pública sintonizó con las demandas estudiantiles.
El grupo de dirigentes que los representó, con afinidades políticas en todo el espectro ideológico, dio además lecciones de modales y claridad a muchos adultos.
Incluso cuando encararon directamente a la presidenta Bachelet o a su ministro de Educación Martín Zilic.
No obstante, la "Revolución de los Pingüinos" se dio siempre en un ambiente festivo, con protagonistas adolescentes cargados de sueños para cambiar al mundo.
