





En Santiago Centro mueren el doble de personas por enfermedades asociadas a la contaminación atmosférica, incluidos el cáncer al pulmón y los infartos, que en el sur de Chile.
“Si la mortalidad en Chillán por cáncer pulmonar llega a ocho al año por cada cien mil habitantes, en el centro de la capital se eleva a 21 y al oriente de la ciudad a 23”, dijo al diario La Nación Andrei Tchernitchin, experto en Toxicología de la Universidad de Chile.
Aunque sus cifras datan de hace “cinco a diez años”, el académico no se sorprende del todo con la confirmación científica, revelada por la Universidad Técnica Federico Santa María, en orden a que el esmog metropolitano contiene al menos dos de los más peligrosos compuestos químicos (HAPs y PCBs) causantes de cáncer al pulmón, vejiga, linfático y de mamas, además de alteración en la función hormonal, infertilidad o retardo en la maduración sexual de adolescentes.
Tchernitchin sabe, al igual que ambientalistas y expertos en la calidad del aire, que el modo en que se está midiendo la contaminación atmosférica no es la mejor ni la más adecuada.
“No sólo porque se concentra en detectar partículas PM10 en lugar de las PM2,5, que son las más finas y dañinas, sino cuáles son los datos que informan a la ciudadanía”, detalla el especialista.
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En rigor, no está de acuerdo en que hoy la información y las decisiones de la autoridad se basen en los datos que arroja el promedio móvil de las últimas 24 horas.
“La población debe conocer hora a hora el movimiento y los niveles de partículas para que tomen adecuadas decisiones, por ejemplo, los profesores de educación física, o las propias personas que en determinada comuna quieren realizar actividad física".
"Si no saben el nivel alto de contaminación a las cuatro de la tarde, estarán absorbiendo cada vez más partículas de metales pesados, amoníaco u otras sustancias que, en el corto plazo producen enfermedades respiratorias, y en el largo pueden desarrollar un cáncer”, establece Tchernitchin.
El problema, según el académico, es que la autoridad tiene “temor a que la población reclame mucho por esto”. “Esa información está, no cuesta plata revelarla, sólo se necesita voluntad”, insiste Tchernitchin.
Raúl Morales, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, realiza la misma exigencia a las autoridades. “Yo no tengo explicación que justifique guardar esa información”, declara el especialista en química ambiental.
INFORMACIÓN ONLINE
“Es necesario conocer cómo evoluciona el promedio horario, pues el promedio 24 horas móvil no es representativo de la situación realmente compleja de Santiago, y particularmente a lo que pasa en Pudahuel y Cerro Navia”, agrega Morales.
Lo que ocurrió un fin de semana, añade, es reflejo de toda esta situación. Insiste en que la población desconoce, por ejemplo, hasta qué niveles aumenta la contaminación entre las cuatro de la tarde y diez de la noche.
Tchernitchin y Morales coinciden en que la información on-line es una medida fácil y barata de implementar, pero que además se requiere abordar políticas más estructurales como mejorar el sistema de monitoreo, elaborar una norma para las PM2,5, incorporar las variables biomédicas en la toma de decisiones de una alerta o una premergencia, o frenar el crecimiento horizontal de la ciudad y el enorme parque automotor capitalino. De lo contrario, sólo aumentarán las enfermedades y las muertes por cáncer.
