





Las cifras son alarmantes: 4.000 personas mueren al año en Santiago de Chile a causa de la contaminación del aire.
Los más afectados son los niños y los ancianos. Mueren por problemas broncopulmonares, cáncer, enfermedades respiratorias.
Precisamente, según el jefe del Centro de Medio Ambiente de la Escuela de Ingeniería de la UC, Luis Cifuentes, las enfermedades respiratorias en 2005 se tradujeron en un gasto en salud del orden de los 307 millones de dólares.
La capital se encuentra dentro de las ciudades con más polución del mundo y tanto sus habitantes como autoridades parecen no tomar conciencia de la dramática situación.
Los chilenos fuman más que la media mundial, lo hacen a temprana edad y en recintos cerrados, sin ninguna contemplación; barren sin mojar las veredas, realizan quemas de matorrales y neumáticos para la agricultura, encienden chimeneas cuando están prohibidas y algunos hasta se pasean en sus vehículos sin siquiera poseer Revisión Técnica al día, emanando gases tóxicos sobre la norma ambiental.
El parque automotriz crece y las vías colapsan. 500 autos se venden al año y los largos "tacos" prolongan el esmog. Para qué hablar de los buses de la locomoción colectiva.
Gracias al plan Transantiago recién se está eliminando de circulación viejas máquinas generadoras de gran parte de la contaminación de la ciudad. Incluso, algunas de ellas utilizaban bencina mezclada con parafina para llenar los estanques.
Al igual que "las micros", las empresas y las industrias tampoco ayudan. Como en su mayoría no son fiscalizadas, los humos son visibles y nadie hace nada. Otras, cuando son sancionadas, prefieren seguir pagando las multas porque aducen que les sale más económico que implementar sistemas de filtración de aire.
"Durante los últimos cinco años, escasa o ninguna mejora se ha registrado en calidad del aire o reducción de emisiones industriales", señalan los expertos, quienes indican que unas 10.000 empresas generan energía con equipos diesel no registrados, y que para controlar a otras 4.000 industrias existen solo 45 inspectores ambientales en la capital.
El panorama es aún más desalentador teniendo en cuenta la situación geográfica de Santiago, que se ubica en una suerte de hoyo hidrográfico, rodeado de cerros y principalmente acordonada por las cordilleras de Los Andes y de la Costa.
¿Pero podrán los santiaguinos vivir sin esmog algún día? ¿Qué pasó con el Plan de Descontaminación en Santiago?
Sin duda, más que presupuesto, lo que se necesita es voluntad y conciencia de todas las partes.
En 1997 el Gobierno de la Concertación, a cargo del Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, se comprometió a implementar un plan Maestro de Descontaminación.
A nueve años de aquel, se sabe que el presupuesto destinado para este ítem se recortó en un 75% a partir del año 2000, durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos, y que el plan fue un fracaso.
No hace falta asomarse a la ventana y constatar. Lo dice un estudio que fue encargado por el propio Gobierno a expertos de Estados Unidos y Chile, que evaluó las 153 medidas propuestas por las autoridades para combatir el esmog en la Región Metropolitana.
La investigación demostró que la calidad del aire no ha mejorado desde el año 2000. El material particulado (PM10), ozono y monóxido de carbono -elementos altamente peligrosos- han aumentado en los últimos cinco años. En el caso específico del PM10, excede la norma nacional en un 75% mientras que el monóxido de carbono supera el 80% de lo permitido.
Estas conclusiones echan por tierra la exitosa evaluación entregada el año pasado por la Intendencia Metropolitana que anunció una mejora en la calidad del aire y menos episodios críticos en Santiago.
"Es frustrante comprobar que en cinco años no hay un mejoramiento y eso indica que el Gobierno no tomó en serio el tema del medio ambiente y se limitó a dar aspirinas y soluciones de parche", señala Rodrigo Herrera, coordinador de Campañas de la filial chilena de la organización internacional Greenpeace.
“En reiteradas ocasiones les hemos hecho ver a las autoridades que desde el año 2000 el promedio anual del PM 10 registra un estancamiento, lo que significa que a pesar de que han disminuido los episodios críticos, los días sobre la norma se han estado superando en mayores ocasiones. Por eso creemos que ha habido manipulación de la información”, explicó a La Nación Paola Vasconi, coordinadora del programa de medio ambiente de la Fundación Terram.
Sara Larraín, directora de Chile Sustentable, dijo al mismo diario "que el hecho de que Conama no tenga acceso a la información sobre impactos de las emisiones a la salud revela una grave irresponsabilidad en el aparato público, que impide priorizar política y presupuestariamente la protección ambiental y la salud de la población”.
Por ello los expertos coincidieron que un solo organismos debe encargarse del tema y solucionar de una vez por todas el problema de la contaminación ambiental.
Por su parte, el presidente del departamento de salud y medioambiente del Colegio Médico, Andrei Tchernitchin, propone la entrega de información en línea, de los niveles de contaminación horaria de material particulado PM10 (y en el futuro, PM 2,5) para cada comuna o zona de Santiago en donde se estén realizando las mediciones.
El especialista ,quien participó en el programa medioambiental de la actual Presidenta Michelle Bachelet, precisó que esto permitiría advertir a las personas de mayor riesgo (tercera edad, antecedentes de cardiopatía coronaria y niños) sobre los riesgos de la contaminación y así abstenerse de realizar actividades físicas intensas.
“El riesgo de realizar actividad física en la Comuna de Providencia durante una hora durante la máxima concentración aérea de material particulado, alrededor de mediodía, es el doble que el riesgo de dormir durante las 4 horas del peak nocturno de contaminación en la comuna de Pudahuel”, afirma.
El actual Gobierno ha asumido las críticas. El secretario general de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, dice que en La Moneda se muestran "preocupados del tema", "aunque queda mucho por mejorar, pero también hemos avanzado mucho". Destaca que hay que mejorar la política ambiental, aumentar la fiscalización y crear el Ministerio del Medio Ambiente.
Los expertos manifiestan que el atraso de 18 meses en la aplicación del proyecto Transantiago, de racionalización del transporte público, y los tropiezos en la incorporación del gas natural como principal insumo energético, representan importantes obstáculos para tener mejor calidad del aire.
Critican también que las autoridades chilenas no hayan adoptado una norma de control de emisiones de las partículas sólidas más finas, conocidas como PM 2,5, que es el más riesgoso para la salud, porque se introduce directamente en los alvéolos pulmonares.
Las estaciones de medición de calidad del aire en Santiago miden sobre todo el material particulado grueso, conocido como PM 10, cuyas emisiones, como se ha dicho, exceden en 75 por ciento los máximos chilenos, más permisivos que los estándares de países industrializados, mientras el monóxido de carbono excede también los límites en 80 por ciento, de acuerdo al informe.
Por ahora, la Región Metropolitana y sus habitantes seguirán respirando aire contaminado, con alertas ambientales y con restricciones vehiculares que en la práctica inciden en un 1.5 % de las emisiones, como aseguró la auditoría internacional.
