





Los efectos de la alta concentración de material particulado en la Región Metropolitana comienzan a afectar la salud de los santiaguinos.
A medida que comienza a llegar el invierno, el esmog y las bajas temperaturas se confabulan para provocar enfermedades respiratorias, en una capital que ruega por una lluvia que la salve -aunque sea por unos días- de la peor crisis ambiental de los últimos cinco años.
Si bien han caído algunas gotas de agua, estas han sido insuficientes para resolver el problema de fondo. Eso, el Intendente de Santiago, Víctor Barrueto, lo sabe y por lo mismo -en tono sarcástico- dijo recientemente que haría un machitún para pedir lluvia.
La autoridad regional está conciente de la magnitud del problema pero entiende que la lluvia es la solución más efectiva para mantener a raya la polución ambiental.
Mientras, realizó una "cumbre de expertos" que trabajará -nuevamente- en reformular el fracasado Plan de Descontaminación para Santiago. Esta vez, se supone, con dineros disponibles durante el segundo semestre del año.
En tanto, especialistas llaman a no practicar deportes al aire libre en días con altos niveles de esmog. La semana pasada se realizaron eventos deportivos en circunstancias que la calidad del aire indicaba niveles malos e incluso críticos en algunas de las estaciones de monitoreo.
Así ocurrió con el Intercolar de MTB, el domingo 21 de mayo, donde numerosos niños y jóvenes corrieron en bicicleta -algunos sin saberlo- bajo Preemergencia Ambiental.
"En los días con altos índices de contaminación, no debiera haber personas trotando en la calle, ni jugando fútbol, ni andando en bicicleta", dice Mario Sandoval, doctor de la Universidad de Chile y magíster en ciencias ambientales.
En esta época del año, debido a las bajas temperaturas y el incremento del esmog, el organismo se ve sobrepasado, sobre todo cuando la actividad física es intensa porque aumenta el flujo de aire hacia los pulmones hasta en 100 litros por minuto (en reposo, no supera los 30).
Este aire frío que ingresa al organismo, sumado a las partículas contaminadas del ambiente, afectan el sistema mucociliar (especie de alfombra que recubre los bronquios y cuyos filamentos expulsan los desechos).
"Este se paraliza por la acción del aire frío y por la reacción química que genera (en él) la contaminación", explica Sandoval al diario El Mercurio.
EL CASO DE FERNANDA ROJAS
Así, esta defensa natural del cuerpo pierde sus condiciones de eliminar virus. Ésa es la razón de que en invierno se sufran más disfonías, tos y dolor de garganta, y por eso al hacer deportes al aire libre se queda más expuesto.
Los deportistas que se exponen por tiempo prolongado a la contaminación pueden sufrir daños crónicos, como le ocurrió a Fernanda Rojas, de 20 años y quien practica mountainbike desde los 16 años.
"Yo nunca tuve problemas de alergias, hasta que el año pasado, en primavera, pasaba resfriada y no me mejoraba. La doctora me explicó que me había vuelto alérgica por estar tan expuesta a la contaminación. Pero con mis amigos preferimos esto a quedarse encerrado. Sabemos que no es bueno, pero hay que adaptarse a la ciudad", afirmó al matutino.
"Si no llueve y siguen los niveles de contaminación, tendremos un invierno con abundantes enfermedades respiratorias”, dijo al diario La Nación el jefe de servicio broncopulmonar de la Pontificia Universidad Católica, Linus Holmgren.
“Si no tenemos un año lluvioso, los virus respiratorios podrían aumentar en un 5% respecto de un año normal, pero el peak de casos llegarán dentro de las próximas tres semanas”, complementa el presidente del comité de medioambiente de la Sociedad Chilena de Pediatría, Carlos Aranda.
“Está comprobado que en invierno la presión arterial aumenta con el frío, lo cual se ve agravado con la contaminación, puesto que genera el llamado estrés oxidativo, y daña la capa interna de las arterias. Ambos factores intensifican las afecciones cardiovasculares”, advirtió por su parte el vicepresidente de la Fundación chilena de hipertensión, Luis Hernán Zarate.
