Chileno pedaleó el Salar de Uyuni: durmió en hotel de sal y en una cueva; quedó “como jaiba” pero cumplió sueño

Por :
Commentarios: Off

 Cristian Órdenes Bozo planificó su viaje de ensueño una y otra vez. Al final vivió una aventura increíble, pedaleó en la ciudad más alta del mundo y atravesó el Salar de Uyuni, el más grande del planeta. La bitácora del viaje deportivo-cultural en el relato de este cicloturista que quiso compartir con la comunidad de Mountain Bike Action. 

 La idea de realizar este viaje en bicicleta surgió en enero de este año en un fin de semana de pedaleo, y de los tres primeros integrantes, Lorena, Pablo y yo, cada uno aportando cual era su punto máximo de interés a visitar.

Partí diciendo que siempre había querido atravesar el Salar de Uyuni (Bolivia)en “cleta”, y además me interesaba conocer Potosí, por su historia en relación a la minería y esclavitud. Luego Pablo dijo que le gustaría subir más hasta Perú, y Lorena deseaba visitar Nazca.

 Así, todas las ideas sonaban perfecto y se podían unir. Comenzamos a juntar plata y a buscar algún auspicio, surgieron algunos, todos de empresas de conocidos. Pronto empezaron algunos problemas y Pablo debía retrasar la fecha de salida. Lorena y yo ya teníamos los pasajes listos para San Pedro de Atacama para el día siguiente…

 Bueno, al final partimos y los esperaríamos allá. Pasaron dos semanas en las cuales me encontré con un amigo montañista y subimos algunos volcanes cercanos a San Pedro. Fueron el Licancabur (5960 msnm), Jurique (5916 msnm) (foto) y el Ollague (5830 msnm).

Al regresar a tierra supimos que Pablo no podía salir de Chile, así que no podría partir…se iría a pedalear un tramo por el altiplano chileno, de Colchane hasta San Pedro de Atacama.

 Lorena decidió acompañarlo y se fue a Iquique para encontrarse con él. Yo me había gastado ya varias lucas (billetes, dinero) subiendo los volcanes y manteniéndome en Chile, que es más caro que los países que pensábamos visitar.

Decidí no alterar mi objetivo de viaje asi que fui igual solo.

Con una superficie de unos 12.000 Km. y situado al suroeste de Bolivia, el  Salar de Uyuni es el Salar más grande del mundo. Está conformado por aproximadamente 11 capas con espesores que varían entre los 2 y 10 metros, la costra que se encuentra en la superficie tiene un espesor de 10 metros, se estima que la cantidad de sal que existe en el Salar es de 64 mil millones de toneladas.

Adicionalmente el Salar se constituye en una de l as mayores reservas de Litio y cuenta con importantes cantidades de Potasio, Boro y Magnesio. El Salar está a una altura de 3.700 m, en el oeste de Uyuni, y se extiende como una enorme llanura total plana y blanca.

Esa extensión infinita es el resto de un mar que llenaba todo el altiplano hasta el Lago Titicaca y en el curso de muchos millones de años, el mar desapareció. Hoy el Lago Titicaca, el Lago Poopó, y los Salares de Coipasa y de Uyuni son los restos de ese mar.

 Llegué a Uyuni con las lucas que quedaban y el cambio era bueno, por lo que al otro día comencé a entrar en la sal, llevando conmigo mucha agua, pensando que no iba a encontrar en tres días, por lo menos.

Esa noche llegué al Hotel de Sal (foto), funcionando, con agua y comida. No tenía otra opción y me alojé ahí, “me pegaron el palo”, es caro para estar en Bolivia, pero fue bastante bueno.

 Después hasta la Isla del Pescado o Incahuasi (Casa del Inca) donde encontré una excelente cueva para pasar la noche, la cual fue la peor de todas…Después de 6 horas de pedaleo dentro del salar con 36º celsius, me insolé como jaiba la cara!

Proseguí luego mi aventura por las carreteras bolivianas que no son de lo mejor, por ende los mapas tampoco. El mío decía que la Isla del Pescado estaba a 20 Km. después de la Incahuasi, donde podría encontrar agua.

 Confiado, seguí dándole a los pedales pero el problema lo encontré cuando me di cuenta que las dos islas eran la misma, por lo que al llegar a la siguiente isla no había nada!!…y ya no había cargado agua en la isla…

Me puse a dormir porque aún quedaba un día entero de pedaleo y con esas condiciones climáticas y a 3.666 m.s.n.m., de todos modos no podía devolverme, así que preferí seguir lo que quedaba “de una no más”.

 Cuando desperté, tomé aire y ya estaba arriba de mi bicicleta, girando y girando en medio de la sal, llegué a Llica, pequeño poblado de no más de 700 habitantes. Lo hice justo el día de la celebración de la Virgen. Buenísima fiesta tradicional.

Pero mi travesía estaba lejos de terminar. Decidí volver a Uyuni para ir a Potosí, que estaba a 214 kms. de distancia y cerca de 500 mts. de desnivel. Potosí es la ciudad más alta del mundo, se ubica a unos 4.200 m.s.n.m.

Me tomó tres días para llegar hasta allí. Descansar en la ciudad fue bastante fuerte. Echaba ya de menos una. Aunque Potosí no se puede comparar con Santiago, es bastante caótica y desordenada, con un aire a Valparaíso y Estación Central-Stgo Centro.

Lo más rescatable de ahí, fuera de lo visual, fue visitar las minas y conocer la vida e historias de los mineros y sus hijos. Ah y la cerveza potosina. Acá recibí un e-mail de Lorena diciéndome que ya habían terminado su ruta con éxito.

De Potosí pedaleé 160 km para llegar a la capital constitucional de Bolivia, Sucre, con 450 mil habitantes. Se encuentra a 3700 m.sn.m. aproximadamente. Tiene un clima privilegiado, buena temperatura, humedad durante el día y la noche. El mercado central es lo mejor para comer comida barata y muy buena, la mayor parte del tiempo en Sucre estuve dentro del mercado, disfrutando de la comida o tomando fotografías.

A unos 30 Km. arribé a Incamachay, lugar donde es posible encontrar tramos de caminos precolombinos y arte de rupestre de más de 2.000 años de antigüedad.

Fue bueno visitarlo. Hice además 50 Kms de caminata por los alrededores para ver el arte de los anteriores habitantes del continente, figuras antropomorfas, cazadores, animales, y figuras geométricas. Increíble.

Obligado a volver a Sucre por falta de dinero y tener que volver a Santiago, no me quedó otra opción que comenzar el regreso, esta vez arriba de vehículos como camiones y buses y no por medio de la “cleta”.

 De vuelta en Sucre me encontré con protestas por la petición de capitalía plena a la ciudad donde nació la independencia de Bolivia el 25 de Mayo de 1809. No había transporte de vuelta, todo en paro!

Tenía muy poca plata, la justa para volver y nada más. Obligado a esperar algo, en la noche salió un camión donde pude subir y salir para seguir mi regreso hasta Chile.

 Ya de vuelta no podía pensar otra cosa, como conclusión, que por más que se planifique una travesía de este tipo siempre, siempre pasa algo que cambia lo presupuestado y uno debe tomar decisiones dentro del viaje para seguir la ruta. Puede servir como una recomendación para los cicloturistas que creen que “todo estará controlado” si existe una exhaustiva planificación.

 Lo cierto es que con todo, pedaleé cerca de 600 km en total, una maravillosa experiencia. Atravesar el salar más grande del mundo en bicicleta es algo que no podré olvidar fácilmente, así también como conocer una cultura maravillosa que me recibió con los brazos abiertos en cada momento, tener el honor de bailar con un traje de ellos en su fiesta tradicional, espectacular también.

Muchas historias y anécdotas que pasan dentro de un viaje de este tipo, toda una aventura que difícilmente podré olvidar en mi vida. Agradecer a quienes creyeron en mi y concretamente, a Bigwall, el único auspiciador que me colaboró hasta el final. ¿Quien dijo que los sueños no pueden hacerse realidad?